miércoles, 30 de julio de 2008

Laboratorio Nº44: LAWRENCE FOREVER

"LAWRENCE DE ARABIA"

Buena y Serena Noche a todos los flatliners e insomnes solitarios desde éste su laboratorio: por cierto Arturo, el ventilador no era exactamente la idea que teníamos en el Laboratorio de un aire acondicionado, pero menos es nada… ¡y con las nuevas tarifas… ni le cuento!

Walpurgo me ha propuesto hablar esta noche de la que es considerada por muchísimos expertos y aficionados como la Mejor Película de la Historia del Cine –y sé que esta afirmación traerá cola-. Me refiero a la monumental “LAWRENCE DE ARABIA”.

Costó 15 millones de dólares de la época y se calcula que ahora no bajaría de los 280. Fue estrenada el 10 de Diciembre de 1962 en Gran Bretaña., mientras que en España no pilló pantalla hasta el 1 de Octubre del siguiente año (lo de siempre).

Protagonizada por Peter O´Toole, actor conocido entonces solamente por sus interpretaciones en teatro, y dirigida por el enorme David Lean, se basa tanto en el libro escrito por T.E.Lawrence “Los Siete Pilares de la Sabiduría”, como en una casi desconocida obra de teatro de 1960 titulada “Ross”, donde Lawrence fue interpretado por Alec Guinness en Londres, y por John Mills en Nueva York, y de la que se llegó a escribir un guión para la gran pantalla –proyecto que se acabó desechando-. Antes que O´Toole se pensó para el papel protagonista en Marlon Brando y Albert Finney –este último, después de numerosas y costosas pruebas de cámara, rechazó el papel, probablemente impulsado por la idea de no pasarse semanas o meses en medio del desierto-.

“Lawrence” ha sufrido a lo largo de los años el efecto de la tijera (por motivos de duración y exhibición, para variar). Para poder meter más pases por día, así como para encajarla en las parrillas televisivas, de los 222 minutos del estreno pasamos a perder hasta un total de 35, dejando el metraje en 187 –con algún que otro rollo al revés-. No fue hasta la restauración de 1989 que la película se recuperó hasta los 217 minutos, incluyendo numerosos planos desaparecidos desde el propio día del estreno.

Hablar a estas alturas de las interpretaciones de los protagonistas sería ocioso: están todos inmensos en sus respectivos papeles. Por ejemplo, O’Toole hace su mejor trabajo, junto con sus dos encarnaciones de Enrique II para “BECKETT” Y “EL LEÓN EN INVIERNO”. Alec Guinness, Omar Shariff –a quien O’Toole rebautizó como “Fred”-, Jack Hawkins, Arthur Kennedy y Anthony Quinn –entre otros- completan el pedazo de reparto.
La labor de dirección de David Lean –absolutamente perfecta-, la increíble fotografía de Freddie Young y el montaje directo –basado en la “Nouvelle Vague” francesa- de Anne Coates terminan

de rematar esta formidable obra maestra.

Y todo este monumento del Séptimo Arte se vio subrayado por la colosal y soberbia música de Maurice Jarre, que había sido contratado en principio exclusivamente para componer un tema central, al haber rechazado el encargo William Walton, pero que después asumió la enorme tarea de crear una partitura legendaria completa.

Como anécdota decir que durante la secuencia de la carga contra Akaba a lomos de 1.000 camellos y caballos, para Omar Shariff el peligro mortal de caída era tan evidente, que optó por atarse –con muchas vueltas de cuerda- a la montura. Pues bien, Peter O´Toole, que rodó toda la secuencia completamente borracho, se cayó de su camello en una de las tomas, pero milagrosamente el animal volvió sobre sus pasos y, separando sus patas alrededor, se situó sobre el actor, protegiéndole del peligro de ser pisoteado.

Por cierto –y en esta misma secuencia- si se fijan bien, entre las casas verán aparcada una camioneta moderna.

Añadir que la secuencia del oasis está rodada en un enclave que aparecería más tarde en “LA MUERTE TENIA UN PRECIO”; que los soldados turcos emplean metralletas británicas Browning –que además no se fabricaron hasta el final de la Guerra-, cuando en realidad deberían portar las Maxim alemanas; o que cuando Lawrence llega al canal de Suez, se encuentra con un barco construido en los años 50 atravesándolo –y eso que se supone que estamos en la Primera Guerra Mundial.

“Lawrence” fue nominada a 10 oscars –y no lo fue a 11 porque a alguien se le olvidó presentar la candidatura de Phyllis Dalton a Mejor Vestuario, que luego ganaría con “DOCTOR ZHIVAGO”-. En total ganó 7 de ellos, incluyendo el de Mejor Película. O’Toole no ganó el de Mejor Actor por culpa de Gregory Peck y su “MATAR A UN RUISEÑOR”.

Resumiendo: el Cine que ya no se hace, lo mejor de lo mejor, con los mejores actores y técnicos… Toda una lección para que puedan aprender de ella ciertos elementos… que no quiero nombrar. Cuando alguien se llame a sí mismo director o actor… mejor que se vea esta obra maestra y se lo piense… Y les recuerdo que ese año compitieron en los Oscar, en las diferentes candidaturas: “MATAR A UN RUISEÑOR”, “EL DÍA MÁS LARGO”, “MOTÍN A BORDO”, “DULCE PÁJARO DE JUVENTUD”, “¿QUÉ PASÓ CON BABY JANE?”, “DÍAS DE VINO Y ROSAS”, “EL MENSAJERO DEL MIEDO”, “EL HOMBRE DE ALCATRAZ”… Y dicen que ahora se hace cine. Sin comentarios.

Buena y Serena Noche a todos los insomnes…

Laboratorio Nº43: BECKET, O'TOOLE, BURTON & GIN

"BECKET"



Buena y Serena Noche a todos los flatliners e insomnes solitarios desde éste su laboratorio:

El calor aprieta y nos hemos quedado solos Walpurgo y yo en el Laboratorio, y aprovecho para pedir un pequeño desvío de fondos de los presupuestos del programa a fin de poder comprar un aire acondicionado –o un pai pai, que tan poco le haríamos ascos-.
Y en tanto que la época pide un poco de relajación, aprovecharé para abrir un pequeño paréntesis en la actualidad y dedicar estos programas estivales a hablar del mejor cine, o sea, de los clásicos. Vamos esta noche pues con “BECKET”, el primero que se le ha ocurrido a Walpurgo, pues es fan de sus dos protagonistas, Peter O’Toole y Richard Burton.

Este es uno de esos títulos cuya leyenda sobrepasa al propio film, habida cuenta cómo se desarrolló el rodaje y las circunstancias que lo rodearon.
O’Toole y Burton, en cuanto terminaban la última toma del día y –muchas veces- sin siquiera cambiarse de ropa, se largaban a los pubs y clubs de la zona en busca de mujeres, ginebra y whiskey, pasando toda la noche de juerga.
A la mañana siguiente el equipo de rodaje iba a buscarles al pajar construido para la película, donde dormían brevemente la mona, ora solos ora acompañados de alguna amiga de francachela. Lo curioso es que se levantaban y tiraban para adelante ayudados por una nueva botella de ginebra “con fines medicinales”. Tan lejos llegó la cosa, que se llegaron a hacer apuestas sobre en qué secuencias estaban tostados y en cuales no, porque el 50% de la película la rodaron hasta las cejas de alcohol.
Pero sigamos.


El reparto es excepcional –de los que ya no hay, desgraciadamente-. Peter O’Toole (cuyo papel estuvo a punto de ser interpretado por Alec Guinness, que no lo aceptó pensando que aquello iba a ser un fracaso) ofrece una de las interpretaciones más “pasadas” de su carrera, ante un contenido Richard Burton que juega con el cambio que experimenta Becket, desde que se corre las juergas con su amigo Enrique II hasta que éste tiene la fatal idea de convertirle en el Arzobispo de Canterbury… con lo que se acaban las amistades, obviamente. Por otro lado, John Gielgud encarna a un perfecto Luis VII, rey de Francia, incordiante hasta la extenuación, pero soberbio en la ejecución.
El director de esta maravilla, Peter Glenville, actor reciclado, productor y escritor, curiosamente no destacó ni antes ni después de esta producción por ningún trabajo concreto. Fue su obra maestra… que no volvió a repetir. Pero ahí queda, que más de uno ya quisiera…


Como anécdota decir que Thomas Becket no era Sajón –como se afirma en la película- sino Normando. El escritor de la obra, Jean Anouilh, confesó posteriormente haber descubierto el error al terminar de escribirla, pero que le pareció que proporcionaba más énfasis dramático si lo dejaba tal cual que si lo corregía. Y así se quedó.
Por cierto, algo que no se cuenta en la película es que Leonor de Aquitania –personaje que no se desarrolla con toda la importancia que tuvo en la época y en los acontecimientos narrados- estuvo casada en primeras nupcias con Luis VII de Francia, de quien se divorció con posterioridad.


La obra original en francés se estrenó en Paris en 1959. En Broadway la interpretaron Lawrence Olivier –en el papel de Becket- y Anthony Quinn –como Enrique II-, mientras que en Londres fueron Eric Porter y Christopher Plummer los protagonistas –sin olvidar que el papel de rey le fue ofrecido en primer lugar a Peter O’Toole, que tuvo que rechazarlo para aceptar el protagonista en “Lawrence de Arabia”.


Becket tuvo la “mala suerte” de enfrentarse en los Oscars de 1964 con “My Fair Lady” (que lo ganó como mejor película), “¿Teléfono Rojo? Volamos hacia Moscú”, “Zorba, el Griego”, y “Mary Poppins”, que le arrebataron once de los doce premios a que estaba nominada, ganando solamente el de “Mejor Guión”. Peter O’Toole acabó alzándose con el Globo de Oro de aquel año, mientras que Burton también se llevó alguna otra cosilla, pero nada del otro mundo. En total consiguieron unos veintitantos premios.


Añadir que, para colmo de desgracias, en España no se ha llegado a reestrenar en cine la versión restaurada de 2007, que posteriormente vio la luz en una magnífica edición DVD y BlueRay que todavía seguimos esperando aquí… aunque sin demasiadas esperanzas. En fin, lo de siempre.

Resumiendo: Si fue justa o no esta sequía de premios con que fue machacada Becket es muy relativo, pero a juzgar por los títulos con los que competía, sí cabría pensar que el cine de entonces le daba un millón de vueltas al de ahora. ¡Qué quieren que les diga…!

Buena y Serena Noche a todos los insomnes…

Laboratorio Nº42: INDIANA JONES Y EL REINO GERIÁTRICO


"INDIANA JONES Y EL REINO DE LA CALAVERA DE CRISTAL"

Buena y Serena a todos los flatliners e insomnes solitarios desde éste su laboratorio:

Volvía de comprarle unos chocolates a Walpurgo cuando he decidido finalmente hacer algo que prometí no llevar a cabo –no, no he visto ninguna película española esta semana-. Voy a hablarles de una de las más grandes decepciones de los últimos años: se trata de “INDIANA JONES Y EL REINO DE LA CALAVERA DE CRISTAL”, petardo autocomplaciente donde los haya, carente de la ilusión y la potencia que destilaba el primer título de la saga.


Este producto sacadinero –porque es lo que les ha salido- se mira el ombligo desde el primer minuto hasta los créditos finales, volviendo sobre recursitos sobados que intentan despertar en los incondicionales del personaje la nostalgia de tiempos mejores. No responde a la expectación, no añade nada nuevo y sí que te deja cara de “eso” cuando se encienden las luces de la sala. Es la geriatría crepuscular de un héroe –tanto, que podría haberla firmado en tiempos Sam Peckinpah-, cuya carrera debería haberse quedado enterrada en la gruta del Santo Grial. Y si hubiese dirigido el maestro en lugar de Spielberg habríamos salido ganando.


Sobre los actores, poco: Shia LaBeouf está horrible como hijo de Jones -macarrón engominado total-; Cate Blanchett inolvidable con su absurdo y horroroso acento –que el doblaje se encarga de estropear aún más-; John Hurt aburrido y desaparecido tras cobrar el cheque…; Karen Allen más atenta a ver si relanza su fenecida carrera que a otra cosa, y Harrison ford tratando de sonreir y arrastrar la acumulación de juventud que se le agarra a la garganta y a las nalgas. Los demás… de relleno.

Como anécdotas reseñar que:


  • en la selva del Amazonas, donde se supone que se desarrolla la acción final, no existen cataratas como las que se nos muestra –y menos de ese tamaño-. Se trata de las de Iguazú, que se encuentran en la provincia de Misiones, en Argentina; o decir también que las famosas líneas de Nazca no están –como nos cuentan- en la ciudad de Cuzco, sino en el valle de Ica, en la costa. Lo mismo dá…
  • O que en todas las secuencias que tienen lugar en Perú lo que escuchamos son, curiosamente, músicas mejicanas…
  • O que cuando Indy y su hijo vuelan hacia Perú podemos ver un avión con los colores de la PanAm norteamericana que, curiosamente, resulta ser un Antonov soviético (que, por obvias razones de nacionalidad y de guerra Fria, nunca voló al servicio de esta compañía)
  • O que el carburador, los frenos de disco y el arranque que vemos en la Harley-Davison del hijo de Indy no existieron hasta mediados de los años 70…
  • Que en el mapa que vemos cuando viajan en avión aparece “Belice”, que no se llamó así hasta 1973, en que perdió su antiguo nombre de “Honduras Británicas”.
  • O que las ruinas que descubre el protagonista son Mayas, pero que este pueblo jamás llegó a alcanzar el Amazonas. Y tampoco pobló Perú –que lo hicieron los Incas- sino el sur de Méjico…
  • O que cuando Indy dice que los Nazcas se deformaron y alargaron los cráneos para parecerse a los dioses, está mintiendo… porque fue el pueblo de los Paracas quien realmente lo hizo.
  • Que las culturas peruanas nunca utilizaron la cerbatana, sino las tribus amazónicas.
  • Que Orellana no puede estar enterrado donde le encuentran, más que nada porque cuando el conquistador llegó allí, la cultura Nazca había desaparecido hacía 700 años.
  • Además, el retrato que muestran de Orellana no es de él, sino de Pizarro…
  • Y hombre, lo de ver a los aztecas sacudiendo a diestro y siniestro en plan Kung Fu –por mucho que me quieran contar que hubo un arte marcial en tiempos…-., mire usted, que está fuera de lugar totalmente. No se lo cree nadie.

    Resumiendo: película fallida, exagerada con el delirio más propio de un episodio de Expediente-X, plagada de gambazos y fallos por doquier, y rellena con personajes a los que ya se les había sacado todo el jugo, o con otros que “ni chicha ni limoná…”. La pueden ver cuando salga el noveno pack especial de marras con las 4 películas y escenas nadie-sabe-si-jamás-vistas-o-qué.